sábado, 21 de enero de 2017

LOMA ALTA, ZACAPU



Los pobladores que llegaron del norte del país a Michoacán para fundar el imperio purépecha (o tarasco) en el 1350 dC no eran chichimecas, como oficialmente se ha dicho. Esos norteños siempre fueron tarascos y sólo regresaron a su tierra después de la migración ocasionada por el fin de Teotihuacán y por la desecación del lago Zacapu, cuerpo de agua que rodeaba Loma Alta: sitio ceremonial que ocuparon los purépechas por dos milenios, del 100 aC al 1500 dC.


Así lo demuestra Patricia Carot, investigadora del Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos (CEMCA) en un capítulo del libro Miradas renovadas al Occidente indígena de México. Su ensayo reúne 20 años de trabajo arqueológico en el occidente del país y el estudio de Loma Alta donde hallaron un altar, 40 urnas cinerarias, cerámica policromada y la cabeza del Curicaveri, el dios del fuego y la guerra.



La idea de que los tarascos son gente que vienen del norte, chichimecas cazadores-recolectores que se transforman al llegar a Michoacán y fundan el imperio tarasco construyendo pirámides, es una historia muy socorrida. Pero Patricia Carot demuestra y documenta que esos tarascos del norte sólo se fueron y regresaron a su tierra.
Al respecto, Carot comenta a Crónica que a partir de las excavaciones en Loma Alta  lograron tener una secuencia continua de casi 1,500 años con pruebas de ocupación del mismo lugar y que los habitantes que regresaron del norte retomaron ideas, dibujos y cerámica pertenecientes a la tradición Loma Alta, esta misma heredera de la tradición Chupícuaro.



Las cerámicas de tradición Chupícuaro —donde predominan diseños geométricos y esculturas de mujeres desnudas—, junto con la tradición Morales, se sitúa en Guanajuato y Michoacán del 300 aC al 100 aC, pero posterior a este último año y hasta el 500 dC existía un vacío de información que vino a remediar los estudios que revelaron el largo desarrollo de la tradición Loma Alta.

Esta tradición se desarrolló en estrechas relaciones con Teotihuacán, asegura Patricia Carot, ya que después de la destrucción de esta metrópoli hacia el 550-600 se inició un movimiento de gente que se estableció al norte durante varios siglos y regresó a partir del siglo VIII o IX a la cuenca central. Esto es una nueva idea que propone un esquema más racional de la historia, indica Carot.

LOMA ALTA. Antes existía en Michoacán la Ciénaga de Zacapu —extinta desde 1902—, donde emergían unos islotes, de los cuales el más céntrico se llamaba Rincón Tres Palos, el cual hoy se conoce como Loma Alta y es donde se descubrió presencia en superficie de material arqueológico, en su mayoría, cerámica y lítica.

Patricia Carot indica que tras dos décadas de excavaciones en Loma Alta, se sabe que el lugar era una antigua isla funeraria y un centro ceremonial de gran importancia. Ahí se estableció una larga y continua secuencia de ocupación de dos milenios: del 100 aC a 1500 dC, (por estudios de radiocarbono hechos por el CEMCA, UNAM e INAH) y las fechas para la fase Loma Alta corren de 100 años antes de la era hasta finales del siglo sexto.
“Esta tradición corresponde a un periodo de apogeo que se refleja en todas las manifestaciones artísticas: arquitectura, cerámica o escultura y que remite a los inicios de la cultura purépecha. La tradición Loma Alta ha sido reconocida en las cuencas de Cuitzeo, Zacapu y Pátzcuaro”, expresó Patricia Carot.

Las excavaciones en el sitio confirmaron la presencia, en la parte superior y central, de una plataforma con un patio hundido cuadrado, un altar central y un recinto circular de 27 metros de diámetro en donde estaban concentradas más de 40 urnas cinerarias.
“En el arte de la cerámica policromada hemos registrado más de 40 motivos de aves, venados, coyotes, ardillas, caimanes y lagartijas, entre otros; son la manifestación final de un arte  que se había desarrollado siglos atrás en la tradición Chupícuaro-Morales”, indica la arqueóloga del CEMCA.

Hacia el año 550 dC, añade, el periodo de apogeo se irrumpió abruptamente y la evidencia es el abandono del lenguaje pictográfico y la clausura de Loma Alta con depósito de esculturas. Las causas: la desecación  del lago Zacapu y el fin de Teotihuacán, con quienes los purépechas se habían relacionado. Entonces inició la migración al norte.
“Encontramos la cabeza del Curicaveri, dios del fuego y la guerra, que fue parte de un depósito de 40 esculturas, unas de formas bien definidas y otras con formas naturales apenas retocadas que evocan pescados, coyotes, piernas y serpientes”, señala Patricia Carot.

La investigadora comenta que ese depósito ubicado en una fosa de 4 metros de diámetro en el centro de Loma Alta data del 550 d.C., corresponde al momento en que los purépechas sellaron el sitio y cubrieron a su dios para iniciar la migración. “Se acaba una época y empieza la migración, no pueden cargar las piedras, entonces cargan las ideas. Después aparecen en el territorio de la cultura Chalchihuites en la Sierra Madre Occidental motivos propios de la tradición Loma Alta. Es a partir de esa presencia en el norte, que los purépechas y chalchihuiteños establecieron fuertes lazos con los hohokam del desierto de Arizona. Es decir, justo cuando desaparecen de las regiones centrales del occidente estos elementos, aparecen en el norte”, precisa.

La evidencia, enfatiza, es clara pues el mismo arte figurativo de los tarascos de Loma Alta, está presente entre los chalchihuiteños (550-850 d.C) de Zacatecas y Durango, así como en la cerámica hohokam del Suroeste de los Estados Unidos. De acuerdo con Patricia Carot, a partir de los siglos VIII y IX los descendientes de los grupos purépechas regresan a sus tierras de origen, junto con otros pueblos norteños. Este regreso al occidente del país, asevera, incluyó tres etapas.



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