viernes, 27 de enero de 2017

FORMACIÓN DEL DOCENTE


LOS INTERMINABLES DESAFÍOS

            Como casi en toda carrera profesional, la teoría llega a ser distante cuando no totalmente distinta a la praxis, esto lleva al planteamiento de entrelazar de manera efectiva y adjunta la formación del docente con una teoría práctica, esto obedece a los nuevos retos y desafíos que presenta en la actualidad la educación donde la era de la información avanza cada vez más rápido, presentándose al propio tiempo la necesidad de formar nuevos y diferentes ciudadanos a quienes la escuela tradicional memorística simplemente no es adecuada a sus necesidades al no verse incrementado el conocimiento requerido, por lo tanto, la formación de estos ciudadanos requiere de un docente formado con estas aptitudes y un docente reformado que cumpla con dichas expectativas, pues no sólo los nuevos docentes lo pueden conseguir, pues los habidos bien pueden cumplir con estos retos mediante la capacitación y actualización.
            Esto es, la construcción de un conocimiento práctico, donde la teoría y la práctica se estandaricen de manera simultánea en la formación docente, modelando la manera de pensar, de sentir y de actuar; esta relación permite que las intuiciones y razonamientos trabajen de manera conjunta, que las situaciones de desarrollo y contexto, de comprensión y de acción sean las claves de este proceso de nueva formación, pero, ¿no puede un docente ya formado adoptar esta manera de asentir la educación? Claro que sí, los valores familiares se arraigan, se magnifican, se alteran o modifican e incluso se destruyen; por lo que cualquier profesionista y en este caso un docente ya formado, puede implementar nuevos recursos que le permitan reinventarse.
             Son diversos los motivos por los cuales la escuela tradicional puede verse superada o en crisis, una de ellas es el considerar a la teoría como un instrumento unidireccional en donde la práctica será solo adecuada si se tiene una sólida base de conocimientos, que el conocimiento debe reproducirse fielmente para obtener resultados positivos, que la praxis sólo es el desarrollo constante y adecuado del conocimiento. En cuanto al currículo habido tradicionalmente se prepondera al conocimiento disciplinar, la fuente de aprendizaje son los textos y la adquisición de conocimiento se comprueba mediante un examen; aun y cuando podemos considerar estas prácticas como una pedagogía simplista, son los estándares o instrumentos de evaluación mundialmente aceptados, de ahí que surge la imperiosa necesidad de la innovación.
            Dewey postula la enseñanza como una forma de indagación y creación de conocimiento, así, las posiciones constructivistas neopiagetianas y neovigoskianas, sobre la importancia del pensamiento práctico, se consolida una alternativa epistemológica que entiende la formación del ciudadano y del docente como un proceso permanente de reconstrucción conceptual, reestructuración continua de los modos de representación, comprensión y actuación, determinadas por las experiencias y reflexiones que cada uno vive con los objetos, personas, ideas y contextos que rodean su existencia personal y profesional; descansando sus principios sobre la interacción directa entre la práctica y la teoría, el entendimiento de que la práctica puede tomar caminos discrepantes e independientes acorde al individuo en que se centra, toma en cuenta que el proceso educativo es complejo, con un escenario incierto necesitado de reacción creativa e innovadora al momento de su ejercicio; establece el andamiaje del proceso educativo precisando que los componentes son necesariamente indispensables para formar parte de un todo y al mismo tiempo independientes entre sí, para que con todo ello se genere la competencia deseada en donde las acciones ejercidas se desprendan de los recursos disponibles.
            Resulta también indudable que para el docente es difícil cambiar o adoptar el pensamiento práctico, pues debe tomarse en cuenta que su educación ha sido la mayor parte del tiempo mediante esquemas tradicionales por lo que se deben vencer dichos hábitos, para ello es necesario ser investigadores de la propia práctica que es la que permitirá establecer nuevos pensamientos, contradicciones y aquellos aspectos no planteados en teoría que se deben ir atendiendo conforme aparecen, esta es la experiencia transformativa, lo que lleva al cuestionamiento de la misma práctica que se desarrolla para construir nuevas alternativas con la propia interacción entre nuestros propósitos y las posibilidades creadas en un contexto educativo.
            La formación del docente debe estar en una continua transformación personal que adquiere nuevos horizontes apoyados en el mismo proceso de desempeño, adquiriendo esos cambios constantes como parte integral de la enseñanza y del aprendizaje, tornando las estrategias y herramientas en una filosofía ya que el proceso advierte un abanico posibilidades que propician un sinfín de reflexiones.
            La adquisición eficaz de habilidades, actitudes, valores y conocimientos, es decir, competencias, tiene lugar como parte de un proceso ligado a las formas de ser, pensar, sentir y ver, que sin duda caracterizan al grupo y al entorno en el que se desenvuelven las personas; de ahí que el pensamiento acción crece en un contexto social, cultural y son los elementos centrales del aprendizaje, ligados también con la conducta, emociones y relaciones de los actores en la que el proceso continuo de invención y exploración del aprendiz se deben considerar elementos de desequilibrio o discrepancias que también retroalimentan los objetivos de formación. Ahora bien, si el conocimiento práctico se obtiene de un proceso de socialización como estudiante y como docente con diversos elementos que se incorporan en su formación, debe de analizarse también los efectos que tienen en el docente los diferentes entornos en los que se fue formando para entender que los resultados de su praxis docente pueden tener connotaciones diversas a las pretendidas, pues muchos de los docentes antes de ser maestros fueron alumnos y ello también influye en la manera de desempeñarse como mentores ya que muchos de los conocimientos los adquirieron principalmente como estudiantes, por lo que habría de cuestionar si esa etapa formativa también puede influir y por ende también debe atenderse con esta postura de la teoría práctica.
             La formación del pensamiento práctico, debe centrase en generar cualidades o competencias profesionales en donde se develen las fortalezas de su pensamiento práctico, la capacidad de crear escenarios en los que los alumnos sean provocados a expresar sus fortalezas; guiar y orientar al alumno en la búsqueda de sus propias fortalezas, realizar evaluaciones que permitan al estudiante descubrir sus debilidades con miras al mejoramiento; procurar establecer en nosotros mismos como docentes aquellas cualidades que deseamos potenciar en nuestros alumnos;  hacer sentir en nuestros alumnos de que somos parte del aprendizaje y no fuente de la misma; asumir una responsabilidad de formación permanente, innovadora, cuestionando siempre la forma de pensar, sentir y de actuar como ser humano pero sobre todo como docente; la forma detener un seguimiento para este proceso sin duda será la planificación, el desarrollo y la evaluación, siendo accesibles a que también los alumnos representan fuentes de saber y que ellos también pueden mejorar las cualidades humanas y docentes de nosotros; sin olvidar que formamos parte de una comunidad escolar en la que nuestros pares también pueden fungir como elementos que nos pueden alimentar de nuevas ideas o mejorar las propias mediante el proceso de interrelación.
            Otro reto que impera en esta filosofía educativa sería la evaluación, entendiéndose por esta no como un instrumento de medición del aprovechamiento sino como una herramienta que nos permita determinar eficazmente el desempeño de nuestra labor educativa lo que también motiva al mejoramiento o perfeccionamiento de nuestras estrategias, dando coherencia a nuestra práctica docente con los objetivos que tenemos planteados de modo que nos permita enriquecer nuestra labor y ser un motivante para los alumnos que tienda efectivamente a desarrollar y estimular sus habilidades para o cual podemos utilizar diferentes elementos como instrumentos de diagnóstico, tales como la observación de actuaciones, portafolios, diarios, informes, debates, entrevistas, trabajos en equipo y todo aquello que nos brinde certeza de que efectivamente estamos abriendo camino para potenciar las competencias y cualidades profesionales fundamentales.

            En definitiva, aprender a educar supone aprender a educarse de forma continua a lo largo de toda la vida profesional del docente; esta preparación requiere de una transformación integral del modelo educativo que actualmente existe en nuestro país, pues hasta ahora la escuela tradicional memorística en muchos casos ha sido tan arraigada que no ha permitido a gran parte de nuestros estudiantes fortalecer de manera adecuada habilidades que bien podrían tener un impacto favorable en su calidad de vida, de ahí que se requiera de un cambio radical pero siempre atendiendo a las diferentes realidades que encierran al ámbito educativo, la presente propuesta puede implementarse paulatinamente al reformar desde sus cimientos a nuestro actual sistema educativo, cambiando los planes y programas de estudio pues es inconcebible que exista alguien que llegue por medio de un examen a realizar este tan complejo modo de enseñanza pues hasta ahora no existe ninguna sugerencia de que actualmente se esté brindando este tipo de formación.

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